Índice aterogénico: por qué no debes preocuparte de tu colesterol total (ni dejar de comer huevos)

En ocasiones, cuando nos hacemos un examen de sangre y nos dan los resultados, nos asustamos porque el colesterol total sale “alto” (por encima del valor límite, que actualmente está fijado en 200 mg/dl). Sin embargo, el colesterol total sanguíneo no es la medida más precisa del riesgo cardiovascular. En este artículo te cuento qué es el índice aterogénico y por qué deberías conocerlo.

El colesterol es imprescindible para la vida

Aunque la población general tiene la idea de que el colesterol es un enemigo de la salud, esto en realidad no es así.  Muy al contrario, sin colesterol no podríamos vivir. Es una parte fundamental de las membranas de cada célula de nuestro cuerpo. Además, sin colesterol no pueden producirse ni la bilis (gracias a la cual podemos digerir las grasas) ni las hormonas sexuales. También tiene un papel fundamental en la síntesis de vitamina D y está presente en gran parte de las neuronas de nuestro cerebro, cumpliendo una función esencial de protección.

Por otra parte, los triglicéridos son el otro tipo de grasa que se circula por nuestra sangre, y son la forma de almacenar energía en forma de grasa corporal.

Para que el colesterol pueda viajar por nuestra sangre y llegar donde se necesita, debe hacerlo en forma de lipoproteínas, que son moléculas compuestas por grasa (colesterol y triglicéridos) y proteínas. Esas lipoproteínas, que seguramente te sonarán por sus siglas en inglés, son la VLDL (Lipoproteína de muy baja densidad), LDL (Lipoproteína de baja densidad) y HDL (Lipoproteína de alta densidad). La HDL es la que tiene mayor cantidad de proteínas en relación a la grasa, y no está directamente relacionada con la enfermedad cardiovascular. Por ello, en la cultura popular es común referirse a ella como “colesterol bueno”, y al LDL como “colesterol malo”.

Cuando te haces un análisis de sangre para ver tu perfil lipídico, habitualmente los resultados te dan información sobre el Colesterol Total (CT), que es la carga total de colesterol que transportan todas las lipoproteínas, el HDL-c que es el CT que transportan las partículas HDL, y los triglicéridos (TG) totales que transportan todas las lipoproteínas. También puede aparecer un valor para el LDL-c (el colesterol que transportan las lipoproteínas LDL. Sin embargo, este es un valor estimado mediante fórmulas; no es un dato real.

Con un análisis de sangre puedes conocer tus valores de colesterol y triglicéridos
Con un análisis de sangre puedes conocer tus valores de colesterol y triglicéridos

Rangos normales de lípidos sanguíneos

Los rangos normales, así como los límites superior e inferior, pueden cambiar dependiendo del laboratorio, los métodos de análisis utilizados y las actualizaciones en los consensos médicos. Actualmente, los valores estándar para los lípidos sanguíneos son los siguientes:

 NORMALALTOMUY ALTO
COLESTEROL TOTAL (CT)Menos de 200 mg/dlEntre 200 y 400 mg/dlMás de 400 mg/dl
LDL estimadoMenos de 100 mg/dlEntre 100 y 160 mg/dlMás de 160 mg/dl
HDLSuperior a 35 mg/dl (hombres) y 40 mg/dl (mujeres)  
TGMenos de 150 mg/dlEntre 150 y 500 mg/dlMás de 500 mg/dl
Valores estándar de lípidos sanguíneos

Los valores de CT no están relacionados en sí mismos con el riesgo coronario. Sin embargo, los triglicéridos altos sí correlacionan con el endurecimiento de las arterias o al engrosamiento de las paredes arteriales (arterioesclerosis) y a menudo son un signo de otras afecciones que aumentan el riesgo de sufrir un ataque al corazón u otras cardiopatías o un accidente cerebrovascular, incluyendo la obesidad y el síndrome metabólico (exceso de grasa alrededor de la cintura, hipertensión arterial, triglicéridos altos e hiperglucemia). Los triglicéridos altos también pueden ser un signo de diabetes tipo 2 o prediabetes, síndrome metabólico o hipotiroidismo.

Por ello, más que fijarse en el colesterol total, es recomendable calcular el índice aterogénico, que relaciona mediante fórmulas los valores de colesterol y de triglicéridos, y nos da una aproximación más precisa al riesgo cardiovascular.

Qué es el índice aterogénico

El índice aterogénico hace referencia a un conjunto de fórmulas que, a partir de la relación entre los valores del CT, el LDL, el HDL y los TG, permiten identificar el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

Estas enfermedades  son responsables, en la actualidad, del 30% de la mortalidad a nivel mundial, y este riesgo es mayor en la sociedad occidentalizada. Por ello, el índice aterogénico tiene un papel relevante, dado que permite la detección temprana de patologías que de manera individual o coexistiendo con otras, predisponen a la aparición de enfermedades cardiovasculares.

Tipos de índice aterogénico

El índice aterogénico se divide en tres tipos:

  1. Castelli I, que mide la relación entre CT y HDL. Valores superiores a 4,5 correlacionan con mayor riesgo cardiovascular.
  2. Índice preaterogénico o de Castelli II, que es la relación entre el LDL y el HDL.  Lo deseable es que sea menor a 2,5 en hombres y menor a 2 en mujeres.
  3. El índice de triglicéridos, que indica la relación entre los TG y HDL. El mejor marcador de riesgo cardiovascular reside en este cociente. Debe ser menor a 3,75 en hombres y menor a 3 en mujeres. Sin embargo, si es superior a 2, normalmente ya es porque los triglicéridos (la grasa en el torrente sanguíneo) ya están más altos de lo que deberían. Cocientes superiores a 3 están normalmente asociados a insulinoresistencia o prediabetes, por una razón que veremos más adelante.

En los tres índices, es intuitivo ver que la presencia de valores altos de colesterol HDL y/o niveles bajos de LDL y TG provocará que tengamos un índice relativamente bajo, algo que implica menor riesgo de enfermedad coronaria y accidente cerebrovascular. Por el contrario, niveles más bajos de colesterol HDL y más altos de TG  y LDL harán más probable la presencia de estas enfermedades.

Los niveles sanguíneos de HDL, LDL y TG tienen relación directa con la alimentación y el estilo de vida.  Por ello, la buena noticia es que el riesgo cardiovascular se puede prevenir, y si tu índice aterogénico ya ha salido alto, lo puedes disminuir cambiando de hábitos.

Cómo bajar el índice aterogénico y disminuir el el riesgo cardiovascular

Influencia de la dieta

Se denomina dieta aterogénica a la alimentación capaz de provocar formación de placas de ateroma en la pared interna de las arterias. Este proceso está directamente vinculado con la enfermedad coronaria. En este tipo de dieta, la más común en los países occidentales industrializados, es aquella en la cual existe un consumo elevado de grasas trans e hidratos de carbono refinados. En general, se asocia a un alto consumo de alimentos ultraprocesados. El consumo de estos productos genera inflamación, y esta a su vez es la responsable de la formación de placas de ateroma en las arterias. Además, y contrariamente a lo que se suele pensar y a una antigua hipótesis que ya está desactualizada, el colesterol dietario no tiene un efecto directo en el colesterol sanguíneo.

El colesterol dietario no tiene un efecto directo en el colesterol sanguíneo
El colesterol dietario no tiene un efecto directo en el colesterol sanguíneo

Para bajar el índice aterogénico y disminuir el el riesgo cardiovascular, es necesario elevar el HDL/ disminuir los TG y el LDL Para ello, es recomendable aumentar el consumo de aguacate, aceite de oliva y nueces, así como de pescado azul, rico en ácidos grasos omega-3, como la caballa, el jurel, las sardinas o el salmón salvaje. Por otro lado, conviene evitar el consumo de aceites vegetales de semillas, margarinas y otros aceites hidrogenados, las frituras, especialmente las realizadas con aceite vegetal de semillas, y los alimentos procesados como sopas de sobre, pizzas preparadas, galletas, chocolates de mala calidad, entre otros.

Otro aspecto dietario muy importante es el consumo de azúcares y otros carbohidratos refinados. El azúcar es químicamente reactivo; puede unirse a proteínas y grasas y generar productos glicosilados, que son tóxicos para los tejidos. Esto es clave para entender que la idea clásica que se tiene acerca del colesterol, las grasas dietarias, etc en el riesgo cardiovascular es inexacta. Los productos de glicosilación son en parte responsables de la arteriosclerosis, porque el azúcar se glicosila con las partículas de LDL y esto favorece que quede retenido en los vasos sanguíneos. Por otro lado, al formar productos glicosilados con el colágeno en las arterias, se vuelven más rígidas, favoreciendo su espesamiento y con ello los fenómenos de trombosis y tromboembolismo. Por lo tanto, la clave para disminuir el riesgo cardiovascular no sólo es dejar de comer grasas trans o grasas inflamatorias, sino disminuir la cantidad de azúcares en la alimentación.

De hecho, al igual que el colesterol total, los triglicéridos tampoco se elevan directamente por comer grasas. Se elevan tras el alto consumo de carbohidratos refinados (azúcar, zumos, pan, pasta, comida procesada) que sólo aportan calorías, y que, si no se gastan, el hígado los convierte a triglicéridos para almacenar esa energía como grasa corporal.

Consumir muchos carbohidratos, fundamentalmente refinados, aumenta la capacidad aterogénica del LDL, aumenta los TG y disminuye los niveles de HDL, empeorando la relación CT/HDL y TG/HDL.

Influencia del peso corporal en el índice aterogénico

Un exceso de grasa corporal acumulada (lo que comúnmente conocemos como sobrepeso), es un factor de riesgo para las enfermedades cardiometabólicas. Fundamentalmente, la grasa que se acumiula alrededor de la cintura, que es un indicador de la grasa visceral. Al perder parte de esta grasa, puede aumentar el nivel de HDL y disminuir el de LDL y los TG.

Influencia del ejercicio físico

Hacer ejercicio en forma regular puede elevar el HDL y reducir el LDL y los TG. Se debe intentar realizar al menos 30 minutos de ejercicio físico la mayoría o todos los días de la semana, así como estar más activo durante la jornada, tratando de incorporar más actividad física a las tareas diarias; por ejemplo, subir las escaleras en el trabajo o dar un paseo durante los descansos.

Influencia del consumo de sustancias tóxicas (tabaco y alcohol)

Fumar en forma activa o pasiva puede reducir el nivel de colesterol HDL. Es ya sobradamente conocida la relación entre el tabaco y numerosas enfermedades, entre ellas, los accidentes cerebrovasculares y los ataques cardiacos.

El alcohol también puede disminuir en forma indirecta el nivel de colesterol HDL. Además, un exceso de alcohol puede hacer que acumules grasa corporal, lo que como hemos visto también reduce el nivel de HDL. Además, tiene un efecto particularmente fuerte en el aumento de los triglicéridos. Por ello, si tienes hipertrigliceridemia, evita beber alcohol.

Este artículo es el mismo que publiqué en la Revista Salud Diez.

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